De la cultura del «ego» a la cultura del «alma» (I)
Necesidad de encontrar un sentido más amplio a nuestra vida -ver aquí-
Recordemos que nuestra vida terrena consiste en un camino de verdadero aprendizaje para nuestra «alma», en una purificación de nuestro ser, en una pugna entre nuestra tendencia egoista y la sinceridad y nobleza de nuestra alma - ver aquí -
El viaje que hemos de transitar va desde el predominante «egocentrismo» actual al despertar de nuestra esencia personal más profunda, el «Alma».
Los frutos del «ego»: éxito, fama, poder, riqueza, dominio, status social, aparentar ser «alguien», narcisismo, hedonismo…
Los del «alma»: filantropía, altruismo, empatía, bondad, compasión, justicia, amor…
Ese tránsito va desde el mundo del ego al mundo del alma, que responde a unas leyes completamente diferentes a las que nos ofrece el ego, un mundo abierto a una posibilidades infinitamente más amplias y beneficiosas.
La conciencia de la humanidad tiene la posibilidad de pasar de un sistema de percepción, gestionado por el principio de supervivencia del ego, fuente de caos y separación, a un sistema de percepción gestionado por el Maestro que reside en el Corazón, fuente de coherencia y de unidad.
Egocentrismo. El egocentrismo y todos los “ismos” asociados a él: etnocentrismo, clasismo, racismo, nacionalismo, partidismo, exclusivismo religioso, pueden ser entendidos como estados de conciencia en que nos vemos, sentimos, pensamos; o sea, nos identificamos con un núcleo determinado en oposición a otros núcleos que distinguimos como separados de nosotros (otra persona, país, clase social, empresa, religión…). La conciencia egocéntrica nos lleva a ver el mundo constituido por “yoes” y “otros” como entidades escindidas y en lucha por prevalecer. Desde aquí surgen valores y modos de relacionarse que generan una cultura en que la mirada está apasionadamente centrada en la "parte" por sobre el "todo", en mi por sobre los otros (o en mi familia, partido político, país, religión). Esta mirada parcial, desde mi y desde el filtro particular con que veo o co-creo la realidad, no es sólo una cuestión intelectual, sino una vivencia profundamente arraigada en las emociones, hasta un punto que no nos permite expandirnos a ver que el bien de uno y del otro están en íntima relación e interdependencia. (Patricia MAY URZÚA*)
Patricia MAY URZÚA es Antropóloga y Escritora, se ha dedicado al estudio, práctica y profundización del conocimiento de quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos, desarrollando una línea de pensamiento que incluye la antropología espiritual, la evolución de la conciencia humana y las filosofías espirituales. Es co-creadora de la Escuela del Alma, espacio desde donde guía y acompaña el proceso de despertar espiritual consciente en el mundo actual. Presentamos un resumen del prólogo de su obra "De la cultura del ego a la cultura del alma".
- Estamos viviendo los dolores de parto que desestructuran un modo de ver el mundo, para nacer a nuevas y más abiertas posibilidades de expresar al Ser.
- En este ambiente muchos se sienten en un mundo sin respuestas. Es precisamente esta incertidumbre lo que despierta la búsqueda de nuevas respuestas y nos ofrece el escenario preciso para abrir nuevas miradas y nuevos horizontes, vislumbrar caminos de salida al modo de ser y de vivir en que estamos entrampados.
- Nuestra Alma está clamando que somos más que esos pobres seres que dan toda su energía (vida) para mantenerse económicamente, para producir y consumir en un mundo que cada vez nos llena de más necesidades y ansiedades. Nos demanda «volar más alto».
- Partimos de afirmar la Esencia y fundamento espiritual del ser humano como faro orientador de la evolución y de los trayectos a seguir como humanidad y planeta.
- Es preciso concienciarse de nuestro estado actual, entendiendo las bases de nuestra constitución como «egos» y las condicionantes psico-culturales que de allí se derivan. Es preciso desentrañar y trascender el pensamiento oculto tras nuestros modos de vivir y plantearnos la posibilidad de ver las cosas de otra manera y, por tanto, de vivir de otro modo. Tratemos de despejar la visión, de ver claro los cimientos en que se basa nuestro modo de vivir actual y la realidad sociocultural que a partir de ello hemos creado. Ello implica abrir el horizonte a una nueva manera de ver y entender el mundo, al ser humano y su propósito.
- El estado actual del mundo tiene que ver con las ideas de fondo que sustentan las sociedades actuales. Descubrir las ideas que nos han llevado a generar estados no deseados a nivel mundial, social y personal es el camino para superarlas. Se trata de dar un vuelco radical en la comprensión del mundo, de nosotros mismos, del sentido y propósito del vivir.
- En medio de sociedades que niegan crecientemente el ámbito espiritual de la vida, que exaltan una lógica ultra racionalista y materialista, el ser humano va perdiendo el Sentido. Vivir se convierte en un hacer y hacer, lograr y lograr sin conexión con una razón de fondo que dé una motivación a nuestro quehacer cotidiano.
- La humanidad emergente necesita resignificar su quehacer, necesita que le den una razón trascendente a su vivir.
- El cuestionamiento personal e interno que está espoleando a muchas personas en el mundo es lo que finalmente transformará nuestra cultura y sociedades de raíz. Se hace necesario, por tanto, mejorar la calidad de nuestra manifestación personal a nivel de pensamiento, sentimiento y acción.
En el centro de todo ser humano, en el fondo de la mente, en el silencio y en la Luz, destella la conciencia resplandeciente del Alma, potencia creativa, armonía, sabiduría y amor.
INSPIRACIÓN Y TENDENCIA
En el centro del ser humano hay un espacio de serenidad y lucidez, donde nos sabemos seres espirituales unidos a todo lo que existe y nuestro camino es llegar a despertar a lo que Somos, desplegando una cultura en que los valores de confianza, complementariedad, creatividad constituyan la matriz y la pauta natural de la existencia cotidiana.
Los planteamientos centrales que aquí se presentan están motivados por la propia experiencia de la autora, sintonizados en lecturas de todos los tiempos y culturas que nos hablan de las dimensiones más profundas de la conciencia y del proceso que va desde las sombras del yo fragmentado a la Luz del Alma, desde el trabajo diario con su interioridad e intentando ser coherente con el impulso del Alma. Este intento te confronta con lo más sublime y, al mismo tiempo, con lo más miserable de cada uno.
Se trata de un proceso que muchos están ya hoy transitando. Y, en la medida que vamos despertando, escuchamos con mayor claridad la Voz Interior que nos muestra como seres amplios, creativos, poderosos y amorosos, conectados con lo Uno que se manifiesta en todas las cosas.
Todo ese «saber», ese «conocimiento», ha de servirnos para conducirnos y transformarnos. Como si se tratara de un mapa que nos habla acerca del territorio a recorrer, y cada uno de nosotros como el laboratorio donde realizamos la alquimia de transformación personal necesaria.
Una nueva aurora. Estamos en un momento crucial en el desenvolvimiento de la conciencia humana. Algo nuevo está emergiendo, se siente en el aire, en la búsqueda de nuevas respuestas, en el interés por cuestiones sobre el sentido del vivir, en las crisis personales de quienes anhelan e intuyen un ámbito de plenitud, relaciones de colaboración, confianza, empatía, servicio y creatividad como base de las culturas.
El Alma humana está clamando y muchos escuchan y registran el llamado, aunque éste aparezca en forma de crisis e insatisfacción, de anhelo de algo que no se sabe precisamente qué es, que nos dice que somos más que estos seres que dan toda su energía para mantenerse económicamente, producir, consumir en un mundo que cada vez nos llena de más necesidades y ansiedades.
Una crisis de sentido. La creciente crisis de Sentido será uno de los aspectos que caracterizará a nuestros tiempos. Ella es fruto de la milenaria maduración sicológica humana que intuye una dimensión más profunda que la del «ego». Una crisis estimulada por la crispación psíquica, incrementada a partir de la interconexión mundial: miedo al cambio medioambiental, a no tener fuentes de energía, a la inestabilidad económica, al terrorismo, la violencia, a los de otras razas o creencias, al futuro, al cambio, a la muerte. A esto se suma una aceleración del tiempo y una cantidad de información que no alcanzamos a procesar ni entender: ¿hacia dónde están yendo las cosas? ¿Quiénes somos y qué hacer de nuestra vida en medio de todo ese mar de acontecimientos?
El ahogo de nuestro interior. Estamos sumidos en un estado de interconexión hacia afuera, que a menudo no controlamos. Diariamente nos sentimos sobrepasados por el móvil, correos electrónicos, información en Internet, chats, TV. No hay en la vida moderna ese tiempo tranquilo, sin ansiedades ni prisas, para entrar en sintonía con nosotros mismos, ni nuestros seres más cercanos. No contactamos con nuestros sentimientos y pensamientos íntimos, convirtiéndonos en seres reactivos respondiendo en automático ante las llamadas, invitaciones, conexiones, posibilidades, estudios y opiniones que a cada instante se presentan.
Esta falta de interioridad nos está sofocando, con una mente funcionando a mil por hora, permanentemente ansiando, deseando, llena de conversaciones dispersas, intentando funcionar hábil y productivamente en un mundo que se olvidó de lo humano. En estas circunstancias el contacto interior no tiene cabida y funcionamos reprimiendo nuestras sensaciones, emociones, reflexiones, valores. Este ahogo interior no hace sino acrecentar la crisis personal y, por tanto, mientras más alienante se vuelve el vivir, más clamor interior, más necesidad de búsqueda de respuestas a lo que con tanto anhelo andamos buscando.
Muchas personas se sienten al borde de estallar. Sin embargo, sólo trascendiendo la tensión que ha generado un modo de vivir sin sentido podremos ir a ese “espacio luminoso” en el que podremos vivir en el reino del compartir, colaborar, co-crear. El mensaje que nos han legado los visionarios de todas las culturas humanas es un llamado a concretizar en tiempo, espacio y acción ese reino donde los grandes desafíos ya no son sobreponerse al dolor o la dificultad; sino ir desenvolviendo estados de expresión cada vez más luminosos y potentes en armonía con el Todo.
Camino evolutivo en el despertar a una nueva conciencia
Lo vivido hasta el momento por la humanidad representa sólo el primer paso en el desenvolvimiento de la conciencia: la etapa egocéntrica y no el “fin de la historia”. Un estado de percatación más amplio, puja por nacer. La Conciencia de la conciencia se abre como posibilidad vivencial para muchos, mostrándonos al «ego» como un eslabón evolutivo de aprendizaje y no como el trono desde el cual se vive la vida y se definen las relaciones con el mundo. Nuestra Esencia es más de lo que hemos conocido y manifestado hasta el momento. Nuestra potencialidad es infinita. Estamos viviendo los dolores de parto que desestructuran un modo de ver el mundo, para nacer a nuevas y más abiertas posibilidades de expresar al Ser.
Algo está mal. Desde la necesidad de dar un sentido más amplio a la vida es indispensable preguntarnos hoy cuáles son los fundamentos que nos han llevado a sociedades tan alienantes para la manifestación del Alma, llevándonos a gestar un estado de cosas en que quizás una de las consignas sea «sálvese quien pueda» y a cualquier costo: ya sea destruyendo la naturaleza o generando estados de miseria e infelicidad a la gran mayoría. Algo está mal. Lo percibimos en el aire, aún cuando parapetados en nuestros “pequeños mundos”, no queramos ver. Demasiada crisis e infelicidad se acumula en todas partes: adicciones, stress, depresión, por no mencionar un mundo de crueles diferencias y exclusiones. Algo de nuestra maravillosa cultura de éxitos y fantasías no está funcionando.
Las crisis personales y colectivas y el dolor que ellas conllevan, son el pan de cada día para el ser humano contemporáneo. Estamos en tiempos difíciles, intensos. Un mundo, una «manera de ver» se resquebraja en el interior de cada uno y en el mundo social, religioso, político, económico, medioambiental. Todo se cae y no nos queda más que nuestro Ser interno para permanecer de pie. Muchos se sienten en un mundo sin respuestas. Es precisamente esto, esta incertidumbre lo que despierta la búsqueda de algo diferente para abrir nuevos horizontes y nuevas miradas. Esto ocurre en todas partes al mismo tiempo. Es en el núcleo de cada uno de nosotros donde hemos de elaborar el nuevo estado de conciencia que necesitamos. El proceso no es fácil, somos complejos y las fuerzas que nos mueven y nos han gobernado evolutivamente hasta el momento van desde lo instintivo a lo egocéntrico. Sólo concientizando y entendiendo nuestro estado actual en un contexto mayor, haciéndonos cargo de la necesidad de nuestra propia transformación, respondiendo al llamado de nuestra Luz interna es como podremos hacerlo.
El cambio es posible
El impulso de ir más allá no es sólo racional. La necesidad de evolución es una fuerza inmanente, que nos mueve desde adentro. Ello nos lleva a profundas crisis en relación a nuestra manera de ver la vida, a nuestro sentido, a las prioridades y al significado en torno al cual hemos organizado nuestra vida. El cuestionamiento personal e interno que está espoleando a muchas personas en el mundo es lo que finalmente transformará nuestra cultura y sociedades de raíz. Se trata de un vuelco radical en la comprensión del mundo, de nosotros mismos, del sentido y propósito del vivir.
El saber actual de las ciencias nos muestra un universo en constante transformación, la visión de nosotros mismos como parte de este Todo en movimiento, la visión de la diversidad de todo lo que existe, así como la interrelación, la conexión y la unidad de este Todo manifestado. Todo es diverso y Uno al mismo tiempo. Todo evoluciona sincrónicamente y nosotros, al ser conscientes de esto, nos concientizamos de que nuestro actuar en la vida afecta a todo y a todos. Desde esta visión no es posible permanecer afuera, desentendernos, no es posible no actuar.
Sólo por existir afectamos al mundo. Se hace necesario, por tanto, plenamente conscientes de ello mejorar la calidad de nuestra manifestación personal a nivel de pensamiento, sentimiento y acción. Comenzar a entenderse a uno mismo como la obra de arte que cada uno crea en la vida. Y a gestar un estado personal de afinamiento con la sinfonía de ese Todo para llevarlo a la acción. Es, pues, necesario vislumbrar caminos de salida al modo de ser y vivir en que estamos entrampados. Partimos de afirmar la Esencia y fundamento espiritual del ser humano como faro orientador de la evolución y de los trayectos a seguir como humanidad y planeta. Para ello es preciso concienciarnos de nuestro estado actual, entendiendo las bases de nuestra constitución como «egos» y las condicionantes psico-culturales que de allí se derivan.
Es preciso tomar consciencia y trascender el pensamiento oculto existente tras nuestros modos de vivir y plantearnos la posibilidad de ver las cosas de otra manera y, por tanto, de vivir de otro modo. Cuestiones como ¿de dónde viene nuestro egocentrismo? ¿Por qué el miedo y el control están tan arraigados en nuestra psiquis? ¿Hay modos de concebir la vida que no sea como una permanente lucha contra los otros?, ¿Qué modo de pensar o enfocar la vida nos ha llevado a creer que la felicidad está ligada a las posesiones o al consumo? ¿Qué mecanismo psíquico nos lleva a vivir centrados en el parecer en vez del Ser? Tratemos de despejar la visión, de ver claro los cimientos en que se basa nuestro vivir y la realidad sociocultural que a partir de ello hemos creado. Hablemos del Alma y el proceso que lleva a su despertar y manifestación concreta, planteando que sólo desde esa transformación personal podremos desplegar nuevas realidades humanas y transitar desde un vivir movido por el egoísmo, la exclusión, la ambición y los miedos, hacia una cultura inspirada en la unidad, inclusión, colaboración y respeto al poder creativo. Todo esto en el entendimiento que sólo personas transformadas generan toma de decisiones, modos de relacionarse, de ser y estar que transforman al mundo.
Fuente: Patricia MAY URZÚA, De la cultura del ego a la cultura del alma (resumen del prólogo: INSPIRACIÓN Y TENDENCIA)
(*) Patricia May Urzúa es Antropóloga y Escritora, se ha dedicado al estudio, práctica y profundización del conocimiento de quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos, desarrollando una línea de pensamiento que incluye la antropología espiritual, la evolución de la conciencia humana y las filosofías espirituales. Es co-creadora de la Escuela del Alma, espacio desde donde guía y acompaña el proceso de despertar espiritual consciente en el mundo actual.
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De la cultura del «ego» a la cultura del «alma»
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«És detestable aquest afany que tenen els qui, sabent alguna cosa, no procuren compartir aquests coneixements».
(Miguel d'Unamuno, escriptor i filosof espanyol)
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(Miguel de Unamuno, escritor y filósofo español)

