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Humanización, avanzar en el proceso de humanización

De la hominización a la humanización

La evolución sociocultural del ser humano

Sobrevivir como especie y avanzar en el proceso de humanización.

  • El hecho de ser un «homo sapiens» no nos convierte necesariamente en verdaderamente «humanos». Homo sapiens no significa otra cosa más que soy una bestia racional; el llegar a ser «humano» es algo mucho más profundo y difícil de alcanzar.
  • Solamente la aparición de la cultura asegura la culminación y separación del ser humano del resto de los seres vivos como especie. La cultura se manifiesta así como la verdadera responsable de la diferenciación del ser humano.

¿De dónde venimos, cómo hemos llegado hasta aquí, cuál ha sido nuestra trayectoria filogenética hasta llegar a lo que somos hoy? ¿Cuánto tiempo llevamos inmersos en tan laborioso cambio evolutivo? El estadio en el que nos encontramos actualmente, ¿es ya el definitivo? ¿Podemos evolucionar más?

Saber cómo el ser humano ha llegado a ser lo que es hoy, partiendo de sus más lejanos ancestros, ha despertado durante siglos la curiosidad de filósofos y científicos. Si deseamos entender los mecanismos que se ponen en movimiento para explicar por qué las personas hacen lo que hacen, por qué individual y colectivamente nos comportamos como lo hacemos, debemos buscarlos en su naturaleza básica. Y dónde buscar esa naturaleza si no es, justamente, en el origen mismo de lo que somos. Muchos piensan que ha sido en el propio proceso de humanizarnos donde podemos encontrar las claves para interpretar nuestra conducta.

Nuestra historia filogenética nos indica que hemos experimentado un largo proceso de hominización y paralelamente un no menos trabajoso proceso de humanización todavía no concluido y en el cual nos hallamos, aunque quizás no demasiado conscientes de ello, plenamente inmersos. ¿Cuáles han sido y cómo han operado los distintos procesos biológicos y psico-sociales que han conducido al estadio actual de desarrollo del ser humano? ¿Cuáles son los mecanismos que han hecho posible estos procesos? ¿Qué factores son los que distinguen al ser humano de otros seres vivos? ¿Qué singularidades bio-psico-sociales nos han caracterizado a lo largo de ese proceso? ¿El proceso evolutivo en su doble vertiente de hominización y humanización debemos ya darlo por concluido?

Cuando hablamos de hominización -en tanto proceso que lleva a la configuración del Hombre como lo conocemos hoy biológicamente- y, de humanización -como proceso que permite la transformación del Hombre en Ser Humano- podemos adoptar muchas perspectivas. El proceso de humanización puede ser analizada desde dos grandes perspectivas: a) la transformación y evolución de los caracteres morfológicos fundamentales del ser humano; el proceso a través del cual el cuerpo humano ha llegado a ser como es hoy ( hominización). b) la transformación psíquica, es decir, la aparición de la inteligencia, del pensamiento abstracto y de la conciencia humana con las manifestaciones psicológicas y culturales que de ésta derivan. A este proceso que conduce al surgimiento y desarrollo de la conciencia lo denominamos humanización. Ambos procesos actúan de forma interdependiente. Constituyen el largo camino que el Ser Humano -su actual sistema nervioso y psicológico, las sociedades que ha configurado y las culturas que ha generado- han recorrido para llegar a lo que hoy somos.

Podemos adoptar distintas perspectivas para su análisis y apreciar distintos grados o niveles de humanización. Por eso apostamos por considerar el proceso de hominización no sólo desde una perspectiva científica que dé cuenta de sus procesos de transformación morfológica o biológica. Interesa también considerar cómo se fueron estructurando sus manifestaciones intelectuales, afectivas, sociales y éticas. La “cultura” ha sido el gran factor de humanización de nuestra especie. Para avanzar en tres grandes direcciones: nivel tecno-económico, nivel socio-político (corresponde al modo en que los individuos de un grupo social se relacionan entre sí y con otros grupos sociales), nivel socio axio-ideológico (corresponde el modo que un grupo social se relaciona con los valores y fines últimos (creencias, valores y normas que orientan la vida en una sociedad). Humanizar es también un asunto ético que tiene que ver con los valores y con velar por las relaciones asociadas con la dignidad de todo ser humano. La humanización tiene como función la trasformación del mundo en un mundo más humano y constituyen el eje fundamental de la vida, porque ante todo se debe ser humano, ser sensible, ser solidario con la capacidad de sentir el dolor de los demás y valorar a cada ser humano como un ser integral.

La humanización nos ayuda a entender la forma de pensar y de actuar de los demás. La superación del mito y la irrupción de la racionalidad en la interpretación de la realidad, la regulación de la vida social mediante el Derecho, el reconocimiento de la dignidad humana, la proclamación de los Derechos humanos, civiles y políticos, la protección de derechos de colectivos humanos específicos, la superación del apartheid, la igualdad entre hombres y mujeres, la distribución más equitativa de la riqueza, la práctica de actitudes como la empatía, la solidaridad, el altruismo, la fraternidad, el valor de la acogida, etc. son manifestaciones de humanidad, expresiones de la capacidad humana de ponerse en la piel del otro, de solidarizarse humanamente con el otro. Humanidad también visible en momentos y circunstancias de desgracia individual o colectiva en los que la solidaridad y empatía expresadas por todo el mundo brota espontánea, cual espuma desbordante, de esa huella divina que está impregnando todos nuestros genes. Una sociedad donde se aplica la humanización es una sociedad más consciente de los sentimientos de los demás, además contribuye a una buena comunicación entre los seres humanos y a una más adecuada solución de los conflictos.

La situación en la que nos encontramos actualmente representa un estadio en ese trabajoso y siempre inconcluso "proceso de humanización", pero sin duda no será el último ni el definitivo en un largo recorrido que nos va acercando, lenta pero progresivamente, a la meta. Para muchos la historia tanto ontogenética como filogenética y cósmica no tiene un sinsentido, tiene sentido y tiene una meta. Meta que en el horizonte de una cosmovisión cristiana se alcanzará, tendrá su consumación, su culminación, con la instauración del Reino/reinado de Dios a través de la realización concreta y tangible de lo que quiere manifestarse con la expresión metafórica de la consecución de “un cielo nuevo en una tierra nueva”.

Hoy aquí abordamos la cuestión fundamentalmente desde una perspectiva antropológica, pero para quien parta de una concepción más holística e integral del ser humano, la humanización de nuestra especie como acabamos de expresar no se agota ni mucho menos en dicha perspectiva. Por ello volveremos en otras ocasones nuevamente sobre ello con otras enriquecedoras perspectivas sobre tan apasionante e inacabada tarea.

A. Evolución biológica humana: hominización (1)

Se estima que la vida en nuestro planeta comenzó hace entre unos tres o cuatro mil millones de años, aunque no empezamos a registrar fósiles de organismos complejos hasta hace aproximadamente 1.000 millones de años. Durante 400 millones de años, estos organismos complejos van evolucionando hasta convertirse en grandes animales de cuerpo duro que abundaron por todo el planeta.

eras geológicasMás adelante, durante la era Mesozoica, hace 225-180 millones de años, aparecen los mamíferos y entre 70-60 millones de años atrás, principios de la era Cenozoica, los primeros primates, especie de la que desciende el homínido moderno, el Homo Sapiens. Durante el Oligoceno, en el lapso comprendido entre hace 38 y 25 millones de años, se desarrollaron los antropoides. Un poco más adelante, ya en el Mioceno, los hominoides se habían propagado ampliamente.

Pero no fue hasta el Plioceno, entre 7 y 4 millones de años atrás, cuando aparecen los primeros homínidos, los austraolopithecus (afarensis, africanus, robustus y boisei). Esta línea evolutiva provoca la aparición del género Homo, en la transición entre el Plioceno y el Pleistoceno. A partir de este momento el estudio de la evolución de los homínidos ya no solo se centra en el aspecto biológico sino también en el cultural y tecnológico. La gran novedad evolutiva que representa la cultura implica que las "capacidades y hábitos" de los sujetos que la portan se adquieren por herencia social y no por herencia biológica. Este es un punto importante en el que comienza a producirse un proceso de acumulación que, con el tiempo, provocará importantes avances de toda índole en la comunidad humana. Sin embargo, el comienzo de esta nueva "evolución" en el género Homo no impide nuevos cambios a nivel biológico y ya al final del Pleistoceno, aparece, por último, el Homo Sapiens.

La aparición de la especie homo está sometida a varias interpretaciones. Además, en ocasiones, las teorías ofrecidas por los expertos colocan a las diferentes especies homo en un mismo tiempo, lo que hace difícil concretar la línea evolutiva. Por otro lado, estas interpretaciones son temporales y "cuelgan" de las investigaciones sobre los hallazgos fósiles hasta ahora encontrados. Por lo cual, los nuevos descubrimientos producirán, inevitablemente, cambios en las teorías sobre la evolución biológica humana hasta ahora desarrolladas. Aun así, exponemos a continuación la "versión oficial" más o menos aceptada por la mayoría de la comunidad académica.

Cronológicamente, el homo habilis es el primero de nuestros antepasados homo. Apareció hace unos 1.8 millones de años y su nombre, hombre hábil, se debe a que se le adjudica cierto manejo en la elaboración de útiles de piedra. Se cree que convivió con los diferentes tipos de australopithecus y que fue precisamente la presión ejercida por el género homo lo que hizo desaparecer a los australopithecinos. Sin embargo, a pesar de la aparente superioridad tecnológica del Homo habilis sobre sus antecesores, las diferencias anatómicas eran escasas, si bien poseían un cerebro ligeramente más grande que los homínidos anteriores.

A partir de aquí y gracias a los descubrimientos en la Cima de los Huesos en Atapuerca(2), en 1994, aparecen dos líneas evolutivas. La primera a través del Homo antecesor (que proviene del Homo ergaster) y que desembocará por un lado, en el Homo heidelbergensis y este en el Homo neandertalensis; y por otro, en el Homo rodhesiensis que acabará con la aparición del Homo Sapiens. Esta teoría deja incierto el origen y destino final del Homo erectus según la teoría clásica, y lo coloca como descendiente del Homo ergaster.

La segunda línea evolutiva y más clásica coloca al Homo erectus como descendiente del Homo habilis y se considera que aparece hace unos 1,5 millones de años logrando habitar gran parte del Viejo Mundo, desde África hasta China y la India. En las regiones más centrales de sus dominios, el continente africano y el centro de Asia, al Homo Erectus se le asocia con la cultura achelense que, principalmente, se caracteriza por el desarrollo de las hachas de mano y otros útiles pétreos. También, se le reconoce dominio en la caza y cierto conocimiento en el control del fuego. Sin embargo, durante el casi un millón y medio de años de existencia, el volumen cerebral del Erectus no aumentó y no produjo un desarrollo tecnológico importante.

Según la teoría clásica el Homo Erectus comenzó a ser remplazado por formas arcaicas de Homo Sapiens entre hace 400 y 250 mil años y en distintas zonas geográficas. Esta especie de Homo Sapiens, poseía un cerebro más grande, aunque todavía mantenía similitudes físicas con el Homo Erectus.

Con el tiempo al Homo Sapiens Arcaico le va sustituyendo otra sub-especie de Homo Sapiens más robusta, con un cerebro aún mayor y una capacidad adaptativa al frío, aunque se tienen dudas considerables acerca de sus aptitudes lingüísticas, cognitivas y culturales. A esta especie se la conoce como neandertalense.

Hacía el año 125.000 a .C, según la teoría del Único origen, aparece, en África, el Homo Sapiens moderno, con unos rasgos y aptitudes más propias para el desarrollo de la cultura y el lenguaje. Otra teoría, la del Origen múltiple, coloca el origen del Homo Sapiens moderno entre 400.000 y 300.000 a.C. y no le otorga más aptitudes que al neandertal, que también aparece por aquella época. El bagaje de útiles desarrollados por ambas especies, así como sus prácticas culturales no son tan diferentes. En lo que si se está de acuerdo es en que, más o menos después del 35.000 a.C., la única raza de homínidos que quedó en todo el mundo fue el Homo Sapiens, nuestra especie.

Por lo tanto, genéticamente, desde hace miles de años, el Homo Sapiens no ha sufrido cambio alguno. Sin embargo, desde el punto de vista fisionómico, sí se han producido algunos cambios. Dentro de nuestra especie existen distintas poblaciones que se clasifican como razas. Entre ellas se encuentran la caucásica, la africana-negra, la asiática, etc. Estas diferencias externas, no obstante, no implican superioridad o inferioridad. Está demostrado, desde todos los puntos de vista, que las aptitudes y capacidades de todos los seres humanos son exactamente iguales, independientemente de la raza a la que se pertenezca.

(1)Fuente: http://www.homohominisacrares.net/sec/historia/eraaxial/evolucionhumanahominizacion.htm

(2)JUAN LUIS ARSUAGA E IGNACIO MARTÍNEZ, La especie elegida, Barcelona, Círculo de Lectores| Temas de Hoy, S.A. 1998, pag. 254.

B. De la hominización a la humanización (3)

Evolucion humanaLa aparición del ser humano sobre la Tierra es el hecho más notable de la evolución biológica. Una vez conseguidos los caracteres que lo hicieron posible- proceso de hominización- se produjo una inflexión o cambio cualitativo de tendencia- proceso de humanización-. Es decir, con la aparición del ser humano se produjo la emancipación de lo biológico para dar paso a la evolución cultural. La especie humana deja de evolucionar en términos de individuo, para pasar a hacerlo en términos de sociedad.

El ser humano apareció sobre la Tierra en un tiempo relativamente reciente y, si lo comparamos con sus parientes homínidos, podremos constatar que las diferencias más significativas no se refieren a la anatomía, a la acumulación de mutaciones genéticas capaces de adaptar la especie a su hábitat geográfico, sino que se refieren a la conducta, a la transmisión de experiencias a través de las generaciones que le han permitido modificar el hábitat  geográfico de acuerdo con sus necesidades.

El proceso de hominización se produce a medida que van teniendo lugar las sucesivas modificaciones y transformaciones de los individuos. Paralelamente, se vinieron produciendo otra serie de transformaciones, desde el punto de vista de la especie, que constituyen el denominado proceso de humanización. Ambos procesos presentan una influencia recíproca, son como las dos caras de un mismo y único proceso evolutivo; solamente son separables metodológicamente con el fin de proceder a un mejor análisis del fenómeno.

Hemos de tener en cuenta, sin embargo, que mientras que el proceso de hominización presenta un carácter orgánico-biológico y, por tanto, los cambios se van incorporando al patrimonio genético de la especie humana, el proceso de humanización presenta un carácter supraorgánico-transbiológico y, por tanto, los cambios van constituyendo el patrimonio cultural de la humanidad. Así, la naturaleza del ser humano no se limita a su constitución biológica, la cual tiene en común con los otros seres vivos, sino que trasciende a ésta y se abre al mundo cultural. Tanto es así que la capacidad de crear cultura será el rasgo que más identificará al ser humano. A diferencia del proceso de hominización, que incide directamente en la anatomía, el proceso de humanización incide directamente en la conducta.

Con la aparición del ser humano sobre la Tierra cambia el sentido de la evolución, es decir, en adelante la evolución se producirá en el grupo social humano.

1. Rasgos característicos del ser humano.

En la actualidad se puede establecer una secuencia de los cambios evolutivos favorecidos por el proceso de selección natural que llevaron al homínido hasta el ser humano, aunque muchos detalles, algunos de especial relevancia, permanezcan aún poco claros y sean objeto de investigación y de controversia.

Se señalan como característicos del proceso de hominización los siguientes rasgos:

    El bipedismo. El ser humano es el único vertebrado que camina, de forma habitual, sobre las extremidades inferiores, con la columna vertebral erguida.
    La cerebración. El ser humano cuenta con un cerebro muy desarrollado y complejo del que dependen casi todas las actividades de su organismo y que le dota especialmente para el aprendizaje mediante selección e integración de estímulos.
    Además de los rasgos anatómicos mencionados, son distintivos del ser humano los siguientes que afectan a su comportamiento.
    El lenguaje articulado. El ser humano es el único animal que ha desarrollado una comunicación simbólica.
    La organización social. Es el resultado de una actividad de cooperación dentro del grupo, que permite un reparto de funciones.
    la fabricación de instrumentos. Atiende al apremio por satisfacer las necesidades vitales como la defensa y la alimentación.
    La prolongación del período de aprendizaje. El ser humano es el animal que más ha alargado la dependencia del niño y de la niña con respecto a sus progenitores.

Todos estos rasgos son los responsables de la conformación de lo que se denomina naturaleza humana, es decir, aquello que se considera propio del ser humano y que, por pertenecerle en exclusiva, lo diferencia del resto de los seres vivos; y, además, por la interrelación que presentan, con los que ha hecho posible el surgimiento de la actividad cultural humana como nueva y definitiva manera de ser y de existir propia del ser humano.

Solamente la aparición de la cultura asegura la culminación y separación del ser humano del resto de los seres vivos como especie. La cultura se manifiesta así como la verdadera responsable de la diferenciación del ser humano.

Paralelamente al proceso evolutivo de hominización que explica el surgimiento del ser humano como especie, se manifiesta el proceso de humanización que explica el surgimiento y desarrollo de la cultura en el ser humano, que aunque prefigurada, de alguna forma, en los animales superiores, culmina en el ser humano.

Este resultado final del proceso supone, sobre todo, un cambio en los patrones de conducta: del aprendizaje por imitación se pasa a la transmisión de información; y de la conducta instintiva, a la aprendida. Puede decirse, pues, que se ha producido un salto cualitativo, más que cuantitativo, frente a las conductas de los animales.

2. Descripción del proceso de humanización.

El hilo conductor que entreteje todo el proceso analizado anteriormente es la actividad de cooperación que, a medida que se consolidaba, incidía en una mayor relación de dependencia entre los individuos del grupo, incluso fisiológica, tal y como se pone de manifiesto, por ejemplo, en la neotenia o juvenilizacion de la especie. La inmadurez biológica que presenta el ser humano lo hace más dependiente del medio social para su desarrollo, de tal manera que la cultura del grupo substituye a la dependencia genética de los animales.

Lo social pasa, así, a ser condición de posibilidad para el desarrollo del individuo humano, que deja de ser viable como tal si no vive junto a otros semejantes. El manejo y la fabricación de útiles contribuye al desarrollo de las aptitudes del individuo.

La actividad social permite al grupo humano distanciarse del medio y dominarlo progresivamente: el ser humano ha adaptado a sus necesidades todos los espacios geográficos del planeta Tierra y piensa, incluso, en espacios interplanetarios. Este progreso fue posible por la comunicación oral que se elevó a la categoría de lenguaje articulado, que permite no sólo la transmisión de lo que hace, sino, sobre todo, su interiorización, es decir, hacer brotar el pensamiento.

Paralelamente, el adiestramiento y la educación, como transmisores de las nuevas experiencias, adquieren gran importancia. Con todo, el lenguaje se convierte en la segunda condición de posibilidad de vida para el ser humano, inmediatamente después de su condición social. Por eso se dice que el mundo humano es simbólico, se desarrolla mediante el uso del lenguaje.

Por último, este entramado de relaciones entre individuos trae consigo la organización de unas formas de vida propias en el grupo social humano, regidas por una serie de operaciones, en cierto modo fijas, y por una serie de normas a partir de las cuales se configuran los comportamientos que rigen la convivencia del grupo. De este modo, la vida social acaba por manifestarse con toda su plenitud.

Fuente: (3)( AA. VV. Dianoia. Filosofía. Editorial Vicens- Vives. Barcelona. 1998.) en https://www.acfilosofia.org/hemeroteca/el-ser-humano-persona-y-sociedad/261-la-humanizacion.html


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